Un nuevo modelo revela que el hormigón con bajas emisiones de carbono desarrollado en la australiana Universidad RMIT (Royal Melbourne Institute of Technology University) puede reciclar el doble de ceniza de carbón en comparación con los estándares actuales, reducir a la mitad la cantidad de cemento necesaria y funcionar excepcionalmente bien con el tiempo.
En 2022, las centrales eléctricas alimentadas con carbón produjeron más de 1.200 millones de toneladas de cenizas de carbón. En Australia, representan casi una quinta parte de todos los desechos y seguirán siendo abundantes en las próximas décadas, incluso cuando pasemos a las energías renovables.
Mientras tanto, la producción de cemento representa el 8% de las emisiones mundiales de carbono y la demanda de hormigón (que utiliza cemento como ingrediente clave) está creciendo rápidamente.
Para abordar ambos desafíos de frente, los ingenieros de RMIT se han asociado con la central eléctrica Loy Yang de AGL y la Asociación de Desarrollo de Cenizas de Australia para sustituir el 80% del cemento del hormigón por cenizas volantes de carbón.
La Dra. Chamila Gunasekara, líder del proyecto RMIT, dijo que esto representa un avance significativo, ya que los hormigones existentes con bajas emisiones de carbono generalmente no reemplazan más del 40% de su cemento con cenizas volantes.
«Nuestra adición de nanoaditivos para modificar la química del hormigón permite agregar más cenizas volantes sin comprometer el rendimiento de la ingeniería», dijo Gunasekara, de la Escuela de Ingeniería de RMIT.
Han creado un hormigón, material comúnmente utilizado en la construcción, capaz de revolucionar la construcción al utilizar una menor cantidad de cemento. Lo que lo hace no solo más ecológico, sino también más resistente.
Tras meses de trabajo, los ingenieros de la universidad de RMIT han conseguido sustituir el 80% del cemento del hormigón por cenizas volantes de carbón. Es una buena noticia teniendo en cuenta que tan solo la producción de cemento representa el 8% de las emisiones mundiales de carbono, y que el hormigón, que normalmente utiliza una gran cantidad de material, está cada vez más demandado.
Si bien es cierto que ya existen compañías que fabrican hormigón ecológico, estos prescinden únicamente del 40 % del cemento, una cantidad considerable, pero aparentemente no suficiente para terminar con el impacto negativo que este material sigue teniendo en el medio ambiente.
Un hormigón que usa un 80 % menos de cemento.
Además, el uso de cenizas volantes bajas en calcio en el hormigón también permite luchar contra el cambio climático. La Dra. Chamila Gunasekara, líder del proyecto RMIT, destaca en las conclusiones de la investigación que “en comparación con las cenizas volantes, las cenizas de estanque están subexplotadas en la construcción debido a sus diferentes características. Y que “hay cientos de megatoneladas de desechos de cenizas depositados en represas en toda Australia y en muchos otros lugares del mundo”. El objetivo, por tanto, es reutilizar esas cenizas y evitar que los estanques se conviertan en un “peligro ambiental”.
El proyecto del uso de este hormigón ecológico sigue en pie, y los investigadores del RMIT están ahora trabajando con la Universidad de Hokkaido en un sistema (un software, concretamente) que permita comprobar y pronosticar el rendimiento de este tipo de material a lo largo del tiempo. Esperan que ese software también sirva para probar otros materiales.

